Lo que el tiempo se llevó

LAS ROGATIVAS DE VILLALMANZO

Las rogativas: son profesiones de fe, plegarias, rezos, canciones, que se hacen en procesión por las calles de los pueblos y ciudades para pedir a Dios y a los Santos que intercedan por algún motivo determinado. Se sugería también hacer obras de misericordia para pedir gracias y bienes en esta tierra o para estar libres de pestes, sequías o inundaciones, plagas, incendios, terremotos, calamidades... y también como acto de penitencia.Santa Bárbara

 Tradición: en la época romana, el cristianismo trató de adaptar las fiestas paganas de la Robigalia. San Mamerto siendo obispo de Viena, en el siglo V las normaliza llamándolas rogativas menores. Se hacían durante tres días antes de la Ascensión. Costumbre que apoyó S. Gregorio Magno en el s. VII estableciendo las rogativas mayores o romanas el día de S. Marcos, 25 de abril. Desde Austria se fueron extendiendo por Francia, donde Carlomagno decretó no trabajar esos días que celebraban las rogativas menores. Costumbre que pasó a Italia, a Inglaterra, a España en el s. VII y se celebraban tres días después de Pentecostés. Había rogativas mayores que tenían lugar entre el 25 de abril San Marcos, el día de la Santa Cruz, 3 de mayo, y el 15 de mayo. Aunque cuando había una calamidad se autorizaban rogativas en cualquier tiempo.

 En Villalmanzo: Cuando era niño, en los años 50 del siglo XX también hacíamos rogativas en tiempos de sequía pertinaz. El sacristán rompía el silencio de la madrugada tocando las campanas. De las distintas casas del pueblo salían entre la penumbra los fieles medio adormilados. Los varones con sus sencillas ropas de abrigo, fajas, gabanes o pellizas y tapabocas y las señoras con sus faldas negras y largas, sus toquillas y velos. Habían sido convocados por el cura a petición de los labradores para hacer las rogativas. Los cascajuelos dejaban las cosas de casa por hacer y el ganado por cuidar y acudían a la iglesia. El frío y la niebla les iban desperezando por las polvorientas calles de la población. 

 La procesión ordenada, se iniciaba con el crucifijo con dos acólitos que llevaban los cirios y los niños en fila con el maestro. Detrás portados en sencillas andas, la imagen del santo, la virgen o las reliquias, seguidos de los hombres. El párroco revestido para la ceremonia con la capa pluvial y el bonete iba a continuación y detrás las mujeres. El cura don Ángel con su ronca voz iba recitando las letanías en latín y los feligreses respondiendo como mejor les parecía. El sacristán y pocos más hacían las contestaciones correctas, que los niños imitábamos de oído. Nada parecido al latín de algunas respuestas: orate pro nobis, intercedite pro nobis, te rogamus audi nos… que nadie nos enseñaba y nos sonaban a chino. Era de admirar a aquellos labradores que iban con el fresco matinal rezando con gran fe y devoción pidiendo un milagro. 

La procesión de San Isidro (año 2016)

 La mojada: En la España rural una mala cosecha suponía no solo la ruina y miseria, sino el hambre y hasta la muerte. La sequía, las plagas de langostas, las heladas y las granizadas auguraban malos tiempos y se recurría a la fe y a los milagros. Si a ello se añadía alguna catástrofe más, los labradores con las autoridades civiles y sobre todo eclesiásticas acordaban la celebración de rogativas. A veces se hacía varios días seguidos. En ciudades y pueblos importantes además de las letanías, se cantaban letras alusivas a Dios, a la Virgen, a los Santos, a las reliquias de mártires, que llevaban en procesión y las bandas municipales hacían sonar sus instrumentos desfilando marcialmente. 

 En determinados pueblos de las comarcas de tierra de Campos, de Aragón, de Navarra, de Valencia y Extremadura si después de varios días seguían sin ver el milagro de la lluvia o el cese de otra calamidad, la desesperación de los feligreses les llevaba a la “mojada”. Cogían al santo, sus reliquias o la cruz y los sumergían en ríos, arroyos, albercas, pozos o charcas implorando el milagro. Incluso después se bañaban los impedidos o enfermos en esas aguas, pidiendo como en Lourdes la curación. 

 Conclusión: Todos los años en mayo en Villalmanzo, los labradores procesionan a san Isidro acompañado de la Virgen pidiendo una buena cosecha y a santa Bárbara que los libre de pedriscos. Mi madre en las tormentas, al toque de tentenublo, encendía velas y rezaba a esta santa rogando que la familia volviera del campo sana y salva. Hoy con la secularización, vamos perdiendo la fe en Dios y la ponemos en los ídolos modernos de la Ciencia, la Tecnología y el Progreso. Creíamos que teníamos todo previsto y asegurado. Vemos que un ser minúsculo como el Covid-19 nos ha trastocado todos nuestros valores y la seguridad en una vida terrenal feliz. El hedonismo y la incultura nos hacen perder todo sentido trascendente. Sin embargo es de admirar la fe de aquellos antiguos que con sus rogativas pedían un milagro para seguir viviendo. Lo mismo que hoy, con los rezos en casa pues el confinamiento nos impide hasta asistir a la iglesia o hacer rogativas, pedimos a Dios que pase esta pandemia. Al fin, después de esta vida insegura y fugaz, la fe y esperanza en Dios con nuestras buenas obras nos salvarán… Aunque con el ateísmo reinante, a las rogativas tal vez el tiempo se las llevó…

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