MI BURRITA CATALINA
La España vaciada: la España vacía fue noticia por el alcalde de Torrubia, que con su borrica Margarita iba a Calatayud a coger el tren para ir Madrid a la manifestación por la España vaciada. Que la España de los pueblos ve cómo se mueren sus gentes, sus costumbres, sus casas abandonadas, y no hay niños, porque aquellos que nacieron allí, se fueron lejos… Pero quiero centrarme en la humilde figura que acompañaba al alcalde: la borrica.
El burro: este animalito casi desaparecido en la España rural en estos tiempos, recibe los nombres de burro, asno, jumento, borrico, rucio, rucho, garañón, onagro y su hijo pollino. Del cruce de caballo y burra nace el burdégano, no apreciado, y de burro y yegua el mulo, animal híbrido y estéril pero notable por su esfuerzo y docilidad, no así la mula. Como la mula falsa de mi padre que por prevención nunca herramos sus patas traseras, que “acariciaron” mi frente.
El burro es un animal sencillo e “inteligente” (no tropieza dos veces en la misma piedra), de menor estatura y más longevo que el caballo, con grandes orejas y pelaje de ordinario gris. Los españoles lo llevaron a América y se extiende por todos los continentes. Animal muy sufrido que se adapta a casi todos los climas y zonas de montaña donde el caballo no es tan seguro. De la familia del caballo fue domesticado hace 7.000 años. Hoy sigue en expansión en el tercer mundo y en retroceso en Europa. En España se reconocen 4 razas de burros: 1. La zamorana-leonesa. 2. La andaluza-cordobesa. 3. La catalana y 4. La de las Encartaciones.
El trabajo del burro: Decimos que es un animal de carga. Le gusta ir a su paso y no trotar. Ha trabajado en todos los lugares que se necesitaba fuerza, paciencia, constancia… sobre todo en la agricultura, en llanuras y montañas, en minas, norias, almazaras, en la paz y en la guerra. Me contaban que en el frente de Teruel cada mañana aparecía el burro con las barbas blancas por la helada. Es notorio el burro-taxi de Mijas o de la isla Santorini. Aquí unos 400 burros suben a los turistas los 588 peldaños desde los puertos de Oía a la ciudad de Fira. Sin embargo ha sido el burro un animal muy apreciado por su utilidad en el campo: “El villano, mejor presta a su mujer que a su asno”. Esfuerzo mal pagado, en general: “A palos entiende el burro”. Y mal cuidado, al final: “Al burro muerto, la cebada al rabo”.
Mi burrita Catalina: En los años 1930-40, este animalito que nos recuerda a Platero se pasaba de listo. Tenía sus mañas y no obedecía. Cuando se la llevaba a abrevar al pilón del pueblo con los otros animales de tiro, solía escaparse. Se iba al anochecer a probar la mejor hierba de los alrededores de las huertas. Mis padres preocupados, esperaban su vuelta. Se hacía tarde, cerraban la puerta de casa y se iban a dormir. Cuando mis padres estaban en el mejor sueño, se oían unos golpes en la puerta. Mi madre con sueño más ligero, despertaba a mi padre: -Están llamando, baja que será la burra-. Mi padre se daba la vuelta. Dejar el cálido colchón de lana, sin calefacción en la casa, en la habitación que se veía el vaho al respirar, era para echarse a temblar de frío y no le animaba. Cansado de que todos los días hiciera lo mismo, a mi padre le vencía el sueño y a veces no se levantaba. Cuando el animal comprendía que no le iban a abrir se marchaba a dormir “a la luna de Valencia”. Debajo de un bardero cercano se refugiaba del viento y del frío y a la mañana siguiente aparecía a la puerta de casa como si nada…
En otra ocasión, mi hermana llevaba la burrita con el avío en las alforjas, hasta la Vega de Lerma, a una tierra cercana al Lavadero. Cuando estaba ya en la finca donde trabajaba la familia, al animalito le dio por revolcarse. Sin tiempo para quitar las alforjas empezó a dar vueltas por el suelo para quitarse el picor de los tábanos o el cansancio. Adiós comida y además la burrita cogió las de Villadiego y se volvió al pueblo. Mi madre que la vio a la puerta dedujo que una vez más les había jugado una “buena” faena.
Los burros en Villalmanzo: Hasta los años 60 del siglo pasado, debido a la pobreza, había gente que hacía las faenas de la labranza con burros. Recuerdan que los burros del “Curro” no seguían el surco y este exclamaba: -Ni saben ni quieren aprender-. A los pastores un borrico les llevaba el hato durante todo el día y traían en las alforjas los corderitos nacidos en el campo. En los arneses los cargaban leña del monte, manojos, haces de estepas. Los labradores con ellos araban, acarreaban las mieses y trillaban. Los molineros con sus reatas de burros llevaban el trigo al molino y volvían con la harina maquilada. El gitano Ronquillo pasaba por Villalmanzo con su burrada comprando y vendiendo burros. Cuando la economía mejoró, para las labores del campo fueron sustituyendo los burros por bueyes, vacas, mulos, caballos y más tarde por tractores.
La burrita del tio Federico: Pequeñita, lanuda y bonita, cuando yo era niño, la veía, con envidia, pasar a toda prisa, con su amo encima, que casi llegaba con los pies a tierra. Los niños jugaban con ella como si fuera un peluche. Curiosa la testarudez de los burros. Cuando no quería entrar en la cuadra, el amo recurría con paciencia a todas las artimañas posibles para al final con ayuda de otro, a poner un saco en la cabeza de la burra y obligarla a entrar marcha atrás.
El burro en la Cultura: Desde la antigüedad aparece en la escultura, en la pintura, en los relieves egipcios, en conjuntos escultóricos, en imágenes como en la procesión de la borriquilla. En la Biblia, entre otros episodios está la burra de Balaam que hablaba y en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. En la Literatura, aparece en óperas, dramas, novelas, cuentos, poesías, fábulas y refranes, ¿Quién no se imagina al rucio de Sancho Panza, a Platero o al burro flautista?
Conclusión: El burro tan bonito de pollino como despreciado y maltratado de mayor. Se le ha considerado ejemplo de estulticia, ignorancia y terquedad. Se ha abusado de él en tiempos pasados y presentes. Aunque a veces los burros rechazaban la carga si pesaba más de la cuenta, incluso con el dueño encima y alguno lo pagó con su vida. Debido a las quejas, en Grecia no permiten ya subir al burro-taxi a los obesos de más de 100 kg. Hoy en ciertos lugares es usado como diversión de niños. En España en 1940 había un millón y apenas quedan unos 30.000 burros y están tratando de que no desaparezcan. Para colmo, China importa gran cantidad de burros o sus pieles para su medicina tradicional pero ya hay países africanos que han restringido su exportación. En Villalmanzo nos alegra contemplar una burra que pasta por las eras y los mayores recordamos con nostalgia los borricos de nuestra niñez que el tiempo se llevó…
Carriguera