Lo que el tiempo se llevó...

LAS CARNICERÍAS

Recordaremos aquellas antiguas carnicerías que hubo en Villalmanzo.

La tienda: Sin ningún rótulo anunciador, en una pequeña dependencia junto al portal solían tener la carnicería. Un sencillo mostrador en los años 50, con bandejas con carnes, unos rústicos utensilios como una balanza de platillos y pesas, unos papeles de estraza, una tabla, cuchillos y tijeras, unos cajones en la parte trasera. Colgando de una barra, piezas de carne, casquería, chorizos y morcillas. En la parte posterior, en la pared, las piezas mayores de corderos, ovejas o cerdos. En un rincón, apoyado en el suelo el tronco de madera para cortes de piezas grandes. Con el tiempo fueron mejorando y apareció aquella clásica báscula de un platillo y un abanico frontal a vista del cliente que indicaba el peso.

La matanza: Al atardecer solían matar una res, cordero u oveja que después colgaban en el  exterior de la casa para que se  aireara. La matanza del cerdo se hacía  por las mañanas en plena calle o en el corral. Así  que ciertas mañanitas se oían los horribles gruñidos del cerdo expirando y el crepitar de la pira. Después se pelaba el cerdo, se le abría sobre la banca y colgaba de una viga. Al día siguiente se hacía el despiece total.

La carne: Ofrecían a la venta las carnes de la zona: ovejas y corderos de raza churra y menos de cabras y de cerdos. También hacían chorizos y morcillas para la venta. De pollos, gallinas y conejos no había gran oferta porque cada casa los tenía en su corral. En invierno solían parir los rebaños de esta zona. Había mucha oferta de cordero lechal y poco poder adquisitivo para darlos salida. En primavera los carniceros compraban estos corderos ya crecidos y formaban un pequeño rebaño durante el verano para irlo sacrificando.

Hasta los años 60 no había cámaras frigoríficas en las carnicerías. La carne se conservaba en despensas frescas o a la intemperie. La carne del ganado lanar no pasaba inspección veterinaria, en cambio la de cerda sí. A partir de los años 60-70, que mejoró la red eléctrica no habiendo cortes de energía, pusieron cámaras, sierras y balanzas eléctricas. Años más tarde, por higiene se obligó a matar en los mataderos autorizados y tener las carnicerías con cámaras y especial higiene, con inspecciones periódicas de sanidad.

La clientela: En los años 50, la pobreza en Villalmanzo era grande. No había ni “calderilla”. Las ventas de carne eran mínimas al menos en invierno después de las matanzas. Muchas casas eran de familias muy numerosas y mataban uno o dos cerdos para su gasto. También había unos cuanto rebaños y sus dueños sacrificaban alguna oveja o cordero. En el corral de cada casa siempre había gallinas y conejos. A medida que se iban acabando las provisiones acudían con más frecuencia a las carnicerías. A veces compraban carne para el puchero y otras, para hacer chorizos.

Algunos carniceros vendían la carne también en pueblos cercanos. Al principio lo hacían en bici, en moto y más tarde en coche. No regía un horario de apertura y cierre. Se iba a cualquier hora y eran atendidos amablemente por el carnicero y su familia, especialmente en fiestas y cuando los jóvenes acordaban, ya de noche, merendar en la bodega. Incluso había gente de paso que aprovechaba para llevarse cuartos de cordero para asar. O necesitada, como aquel peón de pico y pala que estaba en los años 50 trabajando en la carretera y que, siendo yo niño, me encargó que subiera al pueblo y le comprara carne.

Las carnicerías:

Carnicería de Benita Roa: La tia Medina como era conocida en el pueblo, la tuvo en la calle Mayor hasta la década de los 40. Después sus hijos Demetrio y Feliciano abrieron otras carnicerías.

Carnicería de Boriles: Eloy Frías Carcedo la tenía primero en la placita de la calle de las Carretas. Después se trasladó al centro, a la calle Mayor esquina a Las Palomillas. Aquí estuvo expendiendo carne durante muchos años hasta su jubilación. Le ayudaban su esposa, sus dos hijas y Eloy que después de casado seguiría la tradición familiar.

Carnicería de Demetrio Medina: Se encontraba en la plaza pequeña de Marcelo Adrián donde ha continuado hasta hace pocos años. Duró unos pocos años porque se marchó a Burgos.

Carnicería de Feliciano Medina: Abrió una tienda en la calle del Ayuntamiento, cerrándola cuando cogió la que dejó su hermano Demetrio. La atendían también sus hijas mayores.

Carnicería de Alejandro: En 1952 puso la carnicería en la calle de Las Palomillas. Después, ya casado con Nico, la trasladó a la calle del Ayuntamiento. Al principio iba con una moto a vender por los pueblos. Más tarde con camión, también se dedicaba a la compra y venta de cerdos. Mantuvieron la carnicería hasta mediados de los 60. Después se trasladaron a Burgos.

Carnicería de Ester: Con Eloy, en una dependencia del bar de Severina, abrieron una carnicería a finales de los 60. Estaba preparada modernamente con su báscula y su sierra eléctricas, sus cámaras frigoríficas en la parte posterior. Durante mucho tiempo también fabricaban morcillas y chorizos caseros muy apreciados por la clientela. Hace pocos años se jubilaron y se cerró esta carnicería.

Carnicería de Daniel: Con Mary Carmen, este matrimonio continuó con la tienda de su familia durante 40 años, en la misma plaza pequeña. Distribuían cordero de la zona de excelente calidad y conservas modernas como las carnes cocidas, adobadas y ahumadas. Han sido los últimos carniceros de Villalmanzo. Cerraron en 2013 la última carnicería a tiempo completo.

 

Conclusión: Con la modernidad, en Villalmanzo desaparecieron los rebaños. Hoy queda una carnicería a tiempo parcial, sucursal de una de Covarrubias. Ya no veremos aquella estampa rural de los corderos colgando a la puerta de la carnicería. Con las cámaras frigoríficas y la higiene mejoró muchísimo la conservación de los alimentos. Hoy sigue gozando la carne de la zona de gran estima como la del cordero lechal. Recordaremos con nostalgia a aquellos matarifes y a sus familias que siempre fueron tan serviciales. Pues aquellas tradicionales carnicerías de mi infancia y las posteriores más modernizadas, han desaparecido ya del pueblo..., porque el tiempo se las llevó...

                                                Carriguera