Lo que el tiempo se llevó...

EL PARADOR

En Villalmanzo en los años 50 del siglo pasado había un Parador. Todavía existe el edificio, aunque en los setenta dejó de recibir huéspedes. La fachada tenía dos letreros en su esquina. El tiempo los ha deslucido y es difícil leerlos. Pero veamos cómo era en aquellos tiempos dicho Parador, poco parecido a los actuales de turismo.

Ubicación: Era una casa muy amplia de planta baja, piso, buhardilla y adosados tres cuadras, graneros y pajar. En la calle Trastercio, nº 1, se encontraba el Parador, la Fonda o la Posada como también era llamada por todo el pueblo. Tenía gruesas paredes de adobe. Un gran portal daba entrada  a la cocina, comedor y otras dependencias. En los pisos superiores estaban las habitaciones con vigas de madera y tarima. Como los huéspedes eran poco exigentes en aquellos tiempos, en caso de necesidad se tendían jergones en la gloria. La vieja casona fue remodelada y con nueva fachada aparecieron los bonitos letreros de “PARADOR” y “V. OBREGÓN” en su esquina, que hoy casi se ven, apagados por las inclemencias. Los dueños acogían a los forasteros que querían hospedarse por un precio por persona y otro por animal. Estaban a pensión completa por el tiempo acordado. Una familia numerosa, con Fidela al frente y las hijas, atendían amablemente a los clientes y el marido Victorino y los hijos llevaban las labores de las cuadras y la labranza familiar.

El parador- Por Carriguera

Huéspedes: Recordaré a los variados personajes que en los años 50-60 pasaron por el Parador. Los niños, que a pesar del frío, siempre estábamos en la calle, nos enterábamos rápidamente de los que llegaban a la Fonda. Los había que según la estación volvían cada año y los transeúntes.

-Comediantes: Con el buen tiempo aparecían los comediantes que ofrecían su función al aire libre. Entre ellos y muy apreciados por los niños llegaban por vendimias Barrigaverde y su troupe. Estos comediantes actuaban en las plazas del pueblo en su “carpa celestial” o por inclemencias en un local de la Posada. Un pequeño tablado, alfombra, mesa, rodillos y cable para el equilibrista y una escasa vestimenta, constituían el atrezo de la compañía. Las butacas eran portátiles, si las traían de casa. Los niños pasábamos de tanta comodidad y nos sentábamos en primera fila en el “mullido” suelo. La entrada era libre y a media función pasaban la gorra para el pago de la “voluntad”. Como la recaudación siempre era escasa, realizaban la rifa de una botella de coñac o de una colcha y así redondeaban la “función”.

-Trilleros: Venían de Cantalejo y estaban abonados todo el verano. Llegaban, con carros y más tarde con camiones, cargados de trillos nuevos que descargaban en la calle junto al Parador. Vendían trillos y cribas por los pueblos del contorno. Con su argot, “la gacería”, trataban de hacer ventas ventajosas conversando entre ellos sin que el comprador los entendiera. También iban de era en era reparando los trillos. Cuando se acababan las lascas, iban al río a sacarlas de los guijarros para después encastarlas en trillos.

-Carreteros que al final del verano venían de la sierra con sus largas carretas, tiradas por bueyes, cargadas con diversos tipos de cortes de pino.

-Tratantes: Relacionados con los trilleros y con parecida jerga, pasaban con ganados. Vestidos con una blusa negra y visera, armados de una larga vara, recalaban en la Fonda varias veces al año. Ofrecían animales de tiro para las labores.

-Chalanes, cabreros, porqueros, que llegaban con sus reatas, rebaños y piaras para la venta de animales.

-Aceituneros: Durante semanas tenían su base en este Parador. Con sus mulas cargadas con cubetas de madera llenas de aceitunas, llevaban por los pueblos a la venta aceitunas y pimentón.  

-Pellejeros, dedicados a la compra de pieles que apiladas en fardos dejaban un raro “perfume” y muchas moscas.

-Teleros, con el pesado fardo a cuestas, primero, después en bici, iban de casa en casa ofreciendo sus variadas telas.

-Buhoneros, con sus maletas llenas de de quincalla, bisutería, peines, tijeras, madejas, hilos, dedales y botones…

-¿Timadores? No faltó el listillo que pasó por el pueblo aprovechándose de la ingenuidad de la gente. Recuerdo al que rifaba una preciosa muñeca gigante que no se supo a quién tocó. Lo mismo hacía el que rifaba un coche que a veces mostraba sobre un camión, pero no se supo nada del sorteo.

-Heladero, que hacía, por inusual, las delicias de los niños al saborear, una vez al año, un helado en el día de la fiesta.

-Feriantes, en las fiestas del pueblo. etc.

El antiguo parador actualmente. (2013)

Conclusión: A finales de los 60 dejó de funcionar como Parador. Los descendientes repartieron la hacienda y algunos emigraron. El menor de los hijos siguió habitando una parte de la antigua Fonda y se instaló como panadero. El recordado Parador continúa exteriormente con la misma bonita fachada de mi niñez. Cuando paso a su vera releo sus velados rótulos, recordando tiempos lejanos, lamentando que la chapa descolorida de la calle tape la V del letrero. A los niños nos gustaba conocer a los forasteros que llegaban al Parador. Lo anunciábamos a otros niños y a nuestra familia, pues era una de las pocas novedades en el pueblo. Si era un vendedor, le seguíamos para ver lo que exponía.

Las personas que pasaron por el Parador y los que venían con sus carromatos, comediantes, componedores, gitanos y pobres fueron los visitantes que nos enseñaban a los niños los raros oficios y modos de vida de otros lugares. Los huéspedes fueron desapareciendo a medida que el nivel de vida iba subiendo y las costumbres cambiaban. El progreso trajo la desaparición de oficios y las nuevas y rápidas comunicaciones hicieron que las pernoctaciones en el pueblo fueran mínimas. Tal vez fue ese el motivo de la desaparición del añorado Parador de mi infancia, que el tiempo se llevó...

Carriguera

Edita:

Parroquia de Villalmanzo

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