| Hace unos días cerraba la carnicería de nuestro pueblo (aunque inmediatamente se abría otra, a la que damos la bienvenida y deseamos todo lo mejor). Todos lo hemos sentido un poco, pues siempre hemos agradecido la disponibilidad y el trato humano que Mª Carmen nos ha dispensado. Por eso, a ella hacemos hoy la entrevista... |
Mª Carmen Cámara Rojo
Preséntate a nuestros lectores 
Me llamo Mª Carmen Cámara Rojo. Soy nacida en Tordómar, aunque desde niña me crié en Santa Cecilia, donde pasé también mi juventud. Estoy casada con Daniel Medina y tengo dos hijos: César y Daniel.
¿Cómo abristeis la carnicería?
Cuando me casé con Daniel vine al pueblo. La familia de Daniel siempre ha tenido una carnicería, sus padres y sus abuelos. Una tradición familiar que ahora se ha roto. Al llegar yo, la tenía mi suegro con Araceli pero, entonces, la cogimos nosotros… y desde entonces.
¿Cuánto tiempo hace de eso?
Pues casi cuarenta años. Eso es lo que hemos estado con la carnicería. Hasta que se jubiló Daniel estuvimos vendiendo por los pueblos y aquí, pero los últimos años solo en Villalmanzo, y ha sido mucho más tranquilo.
Desde tu punto de vista, ¿cuál ha sido lo más bonito de estar en la carnicería?
Sin duda, lo más bonito, el estar con la gente, el tratar con la clientela que he tenido que siempre ha sido muy maja. Además, al estar tantos años, me ha permitido conocer y despachar a varias generaciones: los abuelos, los padres, los hijos y los nietos…
¿Qué era lo que más te gustaba de tu negocio?
Pues el hablar con la gente: la carnicería, a veces, es como un confesonario en el que te cuentan muchas cosas. Me ha gustado tratar bien a los clientes, estar bien con todos. Quizás no lo he conseguido siempre, pero lo he intentado. En general, yo creo que la gente ha estado a gusto con mis servicios, porque ahora me lo dicen… Pero esa era mi obligación: en una tienda te debes a la gente, y estamos agradecidos de que vengan al negocio para poder atenderles lo mejor.
¿Y cuál era lo más pesado de tu negocio, lo que menos te gustaba? ¿Acaso el llamar a la puerta a cualquier hora de cualquier día?
¡Qué va! ¡No me importaba! Date cuenta de que yo he vivido desde mi niñez el negocio, pues mis padres tenían la cantina del pueblo, y allí se iba a cualquier hora… Eso, por tanto, lo he llevado bien. Lo más difícil, lo que peor llevaba, era el madrugar por la mañana. Me tenía que levantar a las 6 para tenerlo todo preparado, y poder despachar luego… y eso que algunos días también se trasnochaba. La verdad es que, desde que se jubiló Daniel, lo he llevado mejor, pues él me ayudaba y no teníamos los pueblos…
¿Ha cambiado mucho el pueblo desde que abriste hasta ahora?
Mucho… Al principio casi no se traía ni novillo, ni pollo… solo cordero, oveja y cerdo. Luego se ha ido introduciendo casi de todo. También antes se vendía mucho con motivo de las matanzas, para hacer chorizos… También el paso de la carretera: hasta que se hizo la autovía entraba mucha gente en el pueblo para comprar carne… También en las fiestas: durante el descanso de la verbena, al inicio, los jóvenes de otros pueblos iban a las bodegas para hacer chuletas, y se vendía bastante. Yo tengo un libro con todas las cosas que han pasado...
¿Se come bien en Villalmanzo?
Yo creo que bien, y con mucha variedad. Hay una dieta muy equilibrada: se come de todo, y variado.
Con todas las crisis alimentarias que has sufrido (las vacas locas, la fiebre aviar…), ¿hay calidad en los alimentos que comemos?
Hay calidad y muchos controles. Además, a nosotros nos ha gustado tener buena calidad en la carne, aunque se pagara un poco más…
¿Echarás de menos la carnicería? ¿Qué vas a hacer ahora?
Echo de menos todo: desde por la mañana, el estar con la gente, los chavales… Pues ahora me dedico a vivir el día a día, de momento. Quiero ir organizándome un poco yo misma, mi casa… Si Dios quiere, ya tendremos tiempo para salir y viajar…
Algo más para nuestros lectores…
Que doy las gracias a todo el pueblo, que he tenido buena clientela, que me he sentido muy a gusto con todos… y que perdón por los fallos que, sin intención, se hubieran podido cometer.