EL LAÑADOR DE VILLALMANZO
Vamos a recordar un antiguo oficio, ya desaparecido y que tuvo en Villalmanzo sus artesanos. Se trata del lañador, (también conocido como lañero y lañaor). Los lañadores eran artesanos que ponían lañas en vasijas de cerámica y madera. Las lañas eran unas grapas metálicas. En los años de la posguerra los lañadores tuvieron bastante faena. Todavía no habían llegado los plásticos para los objetos más comunes de la casa, como recipientes y los de cobre, madera y metálicos eran caros.
La cerámica estaba presente en todas las cocinas como la vajilla: platos de porcelana, de loza, de barro, jarras, jarros, jarrones, fuentes, pucheros y ollas. Para almacenar líquidos usaban: tinajas, orzas, barreños, lebrillos, cántaros, palanganas o jofainas y orinales y para beber botijos. Dada la fragilidad de la cerámica, con frecuencia ocurría que un golpe, una caída, rajaba o quebraba los recipientes, con gran desconsuelo de sus dueños. Incluso los utensilios de madera como artesas, dornajos y duernos se agrietaban con el tiempo. Como el dinero no abundaba, si se podían reparar, se llamaba o llevaba al lañador. Este evaluaba los daños y los trabajos de recomponer el objeto y hacía un presupuesto. Si estaban de acuerdo se procedía a la reparación.
El lañador procedía al arreglo juntando las piezas con cuidado y haciendo unos orificios con su berbiquí con finas brocas, insertando en ellos las lañas con gran delicadeza, pues trataba con una materia frágil y vieja. Después añadía una especie de pegamento o cemento para que no se fuera el líquido. Arreglos que duraban mucho si el objeto era de adorno y menos si era de uso diario con líquidos. La garantía no era mucha, pero si duraba un tiempo, compensaba el arreglo por el bajo precio de la reparación.
En Villalmanzo ejerció este oficio el tio Guiris, casado con la tia Saturia y con un hijo que vivían en una casita de la C/ del Ayuntamiento frente a la C/ de los Pajares. El lañador ejercía su oficio también en pueblos vecinos. Cuando llegaba se anunciaba con una flauta de pan, con una corneta o de viva voz. Llevaba una pequeña bolsa con las rústicas herramientas para ejercer su oficio en la calle, la plaza o recogía los objetos y se los llevaba a casa. También hacía en ocasiones de paragüero, hojalatero, estañador, componedor, quincallero…
El lañador, gente humilde, sacrificada y trabajadora. Oficio hoy desaparecido por eso de la obsolescencia programada. Hacen que los aparatos duren solo unos pocos años y no merezca la pena repararlos. Las continuas innovaciones, mejoras en los nuevos y su reducción de consumo, nos incitan a comprarlos. Hoy nos están animando a alargar la vida útil de los aparatos y reciclar todo lo posible por el bien del planeta y de todos. ¡Hagamos caso!
Ardem