CUENTOS
DEL ABUELO
BUSCANDO LAS RAÍCES
Cuentan los abuelos que en tiempos muy pasados,
la fuente del Prado y todo él, era un extenso manantial, a veces
encharcado durante algún tiempo del año. Sus aguas engrosaban
considerablemente las que recogía el arroyo San Bartolomé a lo largo de
su corto recorrido. Allí, como en otros sitios de esta ribera, fueron
creciendo frondosas choperas que durante el verano, hacía apacible la
estancia en estos lugares. Pero en las proximidades de la actual fuente
se conservaban los ejemplares de chopos más corpulentos y hermosos del
sitio.

Con el andar del tiempo, se fueron haciendo mejoras en toda esta
zona para sanear la ribera. Se abrió un camino elevado que prologaba la
calle Mayor, atravesaba la chopera partiéndola en dos. A la derecha, se
concentraba el agua que rezumaban las bodegas, y allí crecieron con
vigor chopos magníficos, y se formaba alguna que otra lagunilla, sitio
de ranas y juegos para los chicos. Por la parte izquierda, aquello
quedó más salvaje. Las fincas próximas al arroyo y a las viviendas de
la periferia del Pueblo, fueron recogiendo el agua de los manantiales
en estanques, y crearon hermosas huertas a lo largo del tramo final del
arroyo. Pero la fuente del Prado siguió exuberante.
En un tiempo no muy lejano, la sequía y la filoxera
contribuyeron a desolar el Pueblo y se inició con fuerza la emigración
a las zonas cercanas y también a otras más lejanas. -No
me iré de aquí sin llevarme algún recuerdo. --Pues me han dicho que el
chopo grande de la Fuente da buena suerte a los que se van del Pueblo.
--Y ¿qué hay que hacer? --Nada especial. Algunos se llevan una vara y la plantan cerca de su nueva casa para cuidarla y reponerla si no agarra bien.... Y aquello se hizo costumbre.
Un día de verano, llegaron al Pueblo unos turistas argentinos
por su habla, preguntando por la casa de su abuelo tal y tal, por la
finca que tenían sus antepasados a las afueras, cerca de una fuente y
una gran chopera. Contaban que en una visita al Pueblo, su abuelo se
llevó una ramita de uno de esos árboles y la plantó en el jardín de su
casa en Mendoza y arraigó muy bien. De pequeños pudieron disfrutar de
su sombra. --Quiero encontrar sus
raíces para llevármelas. Somos diecisiete los descendientes de aquel
retoño, y queremos recobrar raíces nuevas. Raíces nuevas para la
chopera mendocina. Contad ahora, amigos, las choperas mendocinas
salidas de la Fuente del Prado de Villalmanzo..., serán más de
tres.
El Golilla
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